6.1 Persépolis – Mahiar

(08.04.1618 – 18.04.1618)


A ocho de Abril salió el Embajador de Margascán y por ser tarde no caminó aquel día más de tres leguas por aquella fértil y llana campaña, dejando á la mano izquierda una legua lejos el río Araxes, hasta llegar junto á una muy empinada y alta sierra en que estaba fundada una fortaleza antigua, haciéndola muy fuerte y del todo inexpugnable su asperísimo sitio, siendo por todas partes casi á plomo peinado el monte, de manera que si no era dando muchas vueltas y con gran dificultad no se podía subir arriba. Y aunque toda la corona de esta sierra tenía muralla fuerte y alta, con torres á trechos, hacíala mucho más inexpunable la fortificación que naturaleza le daba, pues con estar entonces abierta y sin guarda, nadie quería tomar trabajo de la ver.
En un prado de grama menuda y verde, al pie de esta sierra, pasó la noche el Embajador dentro de su litera, teniendo muy cerca dos aduares de turcomanes, que siempre en esta jornada se mostraron buenos vecinos.

A nueve, antes que amaneciese se prosiguió el camino, y después de haber dejado á la mano izquierda el monte con su fortaleza referida, se fue caminando grande espacio llevando á la misma mano y á vistas nuestro Araxes, ó Bradamiro, en esta parte con más hermosa y ancha corriente, y su agradable ribera muy llena por ambas partes de verdes y espesas matas, teniendo este río no se qué de apacible, dando un particular gusto á todos los que lo veían y caminaban cerca de él.
A las nueve del día se llegó á Mahín, después de haber pasado un río pequeño lleno de arboledas y que llevaba agua clarísima y fría; es Mahin un lugar abierto de quinientas ó seiscientas casas, todas ellas entre muchos jardines y huertas de grandes arboledas, mayormente de nogales, de manera que parecía un muy espeso bosque.
Había en este lugar, demás de los naturales vecinos suyos, una gran colonia de circasos que dos años antes el rey de Persia, después de haber saqueado gran parte del Gurgistan ó Georgiana y traído en servidumbre sus moradores, hallando mucho número de familias de estos miserables circasos los compelió á la misma transmigración, siendo traídos y repartidos por diversos lugares de la Persia.Y fue tanto mayor la miseria de esta pobre gente cuanto ellos por huir la plaga y trabajos de la guerra que en Circasia se había movido poco antes entre sus mismos naturales, y no queriendo ser parciales de la una y la otra facción, huyeron con sus mujeres y hijos á la parte que más cerca les caía del Gurgistan, adonde hallaron el peligro mayor y más cierto. Eran todos estos circasos, blancos y bien dispuestos, y que considerada su rigurosa fortuna, padeciendo suma pobreza, á quienquiera movía á gran compasion, y ansí el Embajador entre muchos de ellos repartió alguna cantidad de dinero.

Otro día, diez, caminó el Embajador tres leguas con toda la caravana que halló junta en el dicho lugar, hasta Amanzada, una aldea de pocas casas, recogidas dentro de un caravasar cercado de buena muralla, en que había también una grande y rica mezquita, de cuya renta, por costumbre antigua, se daba de comer tres días á todos los peregrinos y pasajeros pobres, teniendo los persianos y árabes en suma veneración este su templo, por tener su sepulcro y estar enterrado en él un grande y venerable sanctón, y ansí lo habían enrriquegido con diversas mandas y dotaciones. Había luego como se entraba en este caravasar una hermosa y abundantísima fuente, de que corría fuera tan grande golpe de agua que pudiera moler con ella un molino.
Todo el camino que se trajo de Mahin hasta este caravasar, por la mayor parte fue áspero, con altos montes á la mano izquierda, y en ellos algunas pequeñas matas, y con sus cumbres, aunque entrado ya el verano, todavía cubiertas de nieve.
Estuvo el resto de este día, que fue martes de la Semana Santa, á diez de Abril, el Embajador, en el dicho caravasar, y queriendo á las nueve de la noche comenzar á caminar la caravana sucedió un desastre notable de que el Embajador con toda su familia recibió grande alteración y pesadunbre.
Y fue que como Jusepe Salvador, armenio, de quien ya se á hecho mención, y á quien el Embajador quería mucho, ansí por servirle fielmente de intérprete, como por la mucha práctica que tenía de estas provincias orientales, se adelantase solo de la caravana por poner en cobro una mugercilla gentil ó indiana de nación y de profesión mora, á quien aquel día el Embajador había mandado echar de la caravana por haber sabido que dando escándalo y mal ejemplo, el dicho Jusepe [la] traía públicamente desde Xiras, á menos de doscientos pasos de donde había partido fue hallado muerto y sin cabeza, de los que iban con las primeras cargas de la caravana. Y como con el alboroto que todos recibieron de tan horrible caso, viniesen á dar cuenta de ello al Embajador, que estaba durmiendo, no habiendo de partir hasta otro día por la mañana, con la repentina turbación que luego recibió mandó que nadie inquiriese ni hiciese diligencia para saber los que hubiesen cometido el delito; infiriendo luego, que de los que con tanta libertad lo perpetraron se podía temer otro caso peor y más grave que el cometido.
Y estando con vigilancia y guarda aquella noche, por la mañana, después de enterrado el muerto, no se supo otra cosa más sobre su muerte, sino que muy poco espacio antes que él partiese y se apartase de la caravana pasaron dos tropas de hombres á caballo con arcabuces, arcos y cimitarras, con mucha priesa, teniéndose por sin duda que estos le hubiesen muerto. Pero qué ocasión pudiese haber dado aquel pobre hombre, nadie lo pudo imaginar, ni hasta ahora se sospecha, aunque muchos sí, de quien le causó tan cruel muerte, llevándole la cabeza y dejándole el dinero y sortijas que llevaba; y ansí pareció acertado pasar esto en silencio, hallándose el Embajador en parte adonde era forzoso hacerse ansí.

Miércoles, once del dicho mes, se caminaron tres leguas hasta Ugion, aldea pequeña; fueron las dos leguas de este camino asperísimas por la subida y descendida de una sierra, tan agria y llena de grandes piedras que se padeció grandísimo trabajo, particularmente en la subir, llevando á mano cantidad de hombres la litera del Embaxador, caminando él con dificultad á caballo. No era esta sierra, por la parte del Medio día, pelada, como casi todas las de la Persia, sino con muchos lantiscos de la especie y grandeza que se ha dicho atrás, de que se coge gran cantidad de almaсiga, y también había mucha cantidad de matas de retama; pero por donde se baja de esta sierra, que es al Norte, es pelada como las demás; solo había algunas pequeñas matillas de espinos.
Posó el Embajador en esta aldea en un aposento contiguo con una mezquita con quien los naturales de aquella tierra tienen grandísima devoción por estar allí enterrado un sanctón descendiente de Alí y de Fatima hija de Mahamet ó Mahoma, y ansí luego como el Embajador llegó, vino á visitarle el hermitaño ó dervis de la mezquita, que le hizo esta relación, afirmándole como era grande [el] número de hombres y mujeres, enfermos, y ciegos y tullidos que allí recibían salud por la intercesión de aquel su gran sancto, de cuyos milagros él tenía un gran cathalogo y minute consigo.
Esta aldea y mezquita está en un llano por donde pasa un mediano arroyo pantanoso y de mucho pescado, que junto al lugar se pasa por una puente de piedra.

A 12, jueves santo, de mañana se salió de aquí, caminándose cuatro leguas hasta un grande y hermoso caravasar y una pequeña aldea que junto á él estaba, cercada de una ruín muralla de tapias, y en medio de ella, en sitio algo más relevado que lo demás, había una ruín fortaleza medio derribada; alrededor de ella y dentro de la primera cerca de la aldea había hasta cien casillas, la mayor parte de ellas pobladas de circassos de la misma transmigración que los de Mahin, gente sumamente miserable y pobre; y ansi por esto como por la veneración que se debía al día, mandó el Embajador que entre todos se repartiese en limosna alguna cantidad de dinero.
Llámase esta aldea Acopaz, y aunque su sitio es llano y bajo, alrededor está rodeada de altos montes, lo más alto de ellos cubiertos de nieve; y ansí, demás de que el suelo y llano que entre ellos hay es paludoso, y lo corta el mismo arroyo que pasa por la aldea de atrás, es gran cantidad de agua la que de ellos corre y interiormente se rezume por todo aquel llano en que están el caravasar y aldea, reventando por donde quiera infínitas fuentes, que aunque al parecer es clara y buena, hace contrario efecto en todos los que la beben. Porque aunque de su naturaleza no sea del todo mala, viniendo colada entre la tierra y peñas de aquellos montes, la propiedad del suelo en que revienta es pestilentísima y dañosa, particularmente por la vecindad de aquel amorbado arroyo que tiene inficionado el aire de todo aquel distrito, siendo mucho más pestilencial el pescado que cría. Lo cual se esperimentó en aquel día que el Embajador alli estuvo, porque como toda su familia hallase allí tanta cantidad de grandes peces, la mayor parte de los criados salieron otro día enfermos de allí, no les aprovechando lo mucho que el Enbaxador les avisó que no comiesen de aquel pescado, habiendo visto la amarillez y abominable color que tenía.
Hay junto al caravasar una grande huerta que Alaverdecan dejó recién plantada antes que muriese, en que hay gran número de todo genero de frutales, con grandes y derechas calles de álamos, plátanos y cipreses, aunque pequeños, como plantados de poco tiempo.

A 13 se llegó temprano á Cuzcusar Cuzcusar, un buen caravasar y aldea en forma de fortaleza; todo el camino es bajo y paludoso, con grandes lagunas y pantanos, y de tan malo ó peor aire que en Acopaz, la aldea de donde este día salimos. Y con razon le dan los persianos el nombre de Cuscuzar á este caravasar y aldea, porque en lengua persiana quiere decir lugar pestilente y venenoso, y ansí el Embajador como sus criados se hallaron allí, aquel día y noche siguiente, todos enfermos y como mareados de una gran tormenta, durándoles dos ó tres días esta ruin dispusición. Porque como los dos principales alimentos sean el aire y el agua, y lo uno y lo otro sea aquí tan perverso y maligno, tienen juntamente con su malicia alguna particular cualidad para causar semejantes accidentes.

A 14, vispera de Pascua, llegó el Embajador á Dergriger, adonde hay un gran caravasar y otra aldea dentro de una razonable fortaleza, y porque había allí una casa pequeña pero bien labrada y aunque de muy chicos aposentos, posó en ella el Embajador, comenzando desde aquí á perder algo de la mala dispusición y descaimiento con que venía, mejorando también todos los demás con haber hallado mejor aire.

A 15, día de Pasqua, se hizo jornada en Hiesdegas, después de haber andado con la caravana grandes ocho leguas, y hallado repentinamente, caminando por un llano, una hondura y despeñadero notable, peinado por todas partes, y que por la una daba paso, pero tan peligroso y dificil de bajar que se gastó gran rato hasta llegar á lo bajo, en que había una vega y valle muy llano de doscientos pasos y más en ancho, y quinientos de largo, continuándose después en aquella forma por algunas leguas más adelante, con algunos pequeños canales de agua con que se regaba.
De la otra parte del llano había otro semejante despeñadero, cortado á plomo, de manera que la vega que había en lo bajo parecía un muy ancho y profundísimo foso, desde la cual, en lo más alto y peinado de la peña estaba fundado un pequeño lugar, aunque de sitio fortísimo, cuyas casas subiendo en muchos suelos de altura y teniendo ansí mismo infinidad de ventanillas pequeñas, parecían de lejos nidos de pajaros ó vivares de salvajinas.
Pasamos el valle y en él un arroyo de que se regaba la vega, y luego comenzamos á subir la cuesta muy áspera en que estaba la fortaleza, rodeándola por la parte del Norte para entrar en ella, y era cosa muy para notar ver la grande altura de las casas, que estaban muy espesas y ellas mismas servían de muralla, con infínito número de ventanas, y en ellas gran cantidad de mujeres y muchachos, siendo aquí más blancas que todas las que en Persia hasta entonces se habían visto.
Entróse en este notable lugar por una muy estrecha puente levadiza, sin pretiles, que caía sobre un muy hondo foso, adonde la tarde antes se había despeñado y hecho pedazos un caballo de un persiano de los que iban haciendo el aposento al Embajador, el qual tuvo esta noche muy mala posada como la mucha pobreza del lugar lo pedía.

A 16 caminó la caravana siete leguas, á una mucho mas pobre y miserable aldea cuyo nombre no merece hazcerse memoria de él; pero poco menos que á la mitad de la jornada se pasó por un muy grande y hermoso caravasar, nuevo y labrado todo de piedra, con grandes torreones á las esquinas; en fin, era el mejor, á lo que de fuera se pudo juzgar, de cuantos se habían visto y vieron después en esta jornada, obra tambien de Alaverdechan y hecho á su propia costa. Frente del caravasar por que pasaba el camino por medio, había también una gran fortaleza nueva y fuerte, y una pequeña aldea de vecinos dentro de ella, siendo indicio el hallar tantas por este camino, que es despoblado y solo, por los muchos ladrones que solían andar por él robando, ansí los pobres labradores, como las caravanas de los mercaderes.

De la pobre aldea adonde el Embajador y la caravana paró este día, salió otro por la mañana, 17 del dicho mes, y habiéndose caminado seis leguas por camino llano y buena tierra, aunque sin árbol alguno, llegó á un buen lugar á que daban nombre de ciudad, llamado Comixan, de cuatrocientos ó quinientos vecinos.
La campaña alderedor de él, y buen espacio antes, estaba toda cultivada y labrada para coger trigo y cebada, pareciendo la tierra gruesa y fértil, pero muy tenaz y arcillosa, rezada con muchos canales de agua que les venían de lejos, sin la cual, como ya otras veces se ha dicho, la Persia no produce ni frutífica cosa alguna, siendo muy poco lo que en ella llueve y el terreno de si tan seco que no lleva en los montes y llanos árbol ni cosa verde, sino en algunas partes aquellos lantiscos de que se coge la almaciga, ó los pocos árboles espinosos y pobres de hoja de que ya también se ha hecho mención.
Después de haberse aposentado el Embajador en casa de un vecino que tenía una razonable casa, y su familia en otras cercanas, aunque el tiempo cuando llegó parecía estar sereno, con muy pocos nublados, comenzó luego á caer una agua menuda y de manera que no se podía esperar más de que, como vulgarmente se dice, matase el polvo; mas en poco tiempo pareció lo contrario, porque continuando toda aquella tarde, sin espesarse ni crecer más, corría en abundancia por todas partes sin enbeberse en el suelo. Y siendo este arcilloso y cretoso, como se a dicho, quedó con tanto y pegajoso barro en su superfiсie, que por ninguna parte se podían tener en él todos los que acudían á cubrir ó retirar en un caravasar viejo que allí había las cargas de toda la caravana, metidas gran parte de ellas en el agua y lodo. En este tumulto que forzosamente había de haber, dando mucha priesa el Embajador para que se pusiese reparo, principalmente en el presente que se llevaba al Xa, daban todos grandes caídas resbalando en aquel grueso y untoso lodo, porque cuanto más refirmaban y hacían fuerza en los pies para tenerse, con tanto mayor ínpetu venían al suelo. Las mulas y jumentos que traían para con presteza mudar al caravasar algunas de aquellas cargas, no solo no fueron de provecho, por caer y resbalar más que los hombres, pero muchas quedaron, de las grandes caídas, inútiles del todo para el resto del camino hasta Spahan. En fin, habiéndose reparado en el caravasar y algunas casillas cercanas las cargas del presente, que llevaban paños, sedas y granas y parte de la recamara del Embajador, de lo demás, que fueron más de trescientas cargas, sin los fardos y cajas de criados, se hizo un gran túmulo allí en el campo, cubriéndolo con muchos reposteros de fieltro que desde Xiras el Embajador había mandado proveer para semejantes ocasiones.
Era el huésped en cuya casa el Embajador posaba, grandísimo oficial de hacer arcos, y ansí tenia particulares gajes del rey por ello; éste le llevó al Embajador un fuerte y hermoso arco dorado, con muchas labores, el cual le fué muy bien pagado y agradecido, repartiendo después alguna cantidad de dinero entre los niños y niñas de poca edad, hijos y nietos del huésped, que acudían á una ventana cubierta de una red de madera que del aposento del Embajador salía á un jardín de la propia casa.
Lo cual fue ocasión que otro día antes de su partida acudiesen á la misma ventana todas las muchachas y mugeres, no solo de la casa, pero de gran parte de la vecindad; unas descubiertas y otras cubiertos los rostros, entre las cuales, con mucha fiesta y risa del Embajador, se hizo un largo congiario.

A 18, poco antes de medio día se salió de Comixan, hallándose todo el camino, que era llano y de aquel mismo barro, muy mojado y lodoso, y esto era cuanto más se caminaba, pareciendo en los muchos pantanos en que se daba que había llovido abundantemente muchos días, habiendo sido por allí el agua más espesa y recia y durado más horas, según se supo después de algunos criados del Embajador que desde la aldea pequeña antes de Comixan habían sido despachados á Spahan dos días había.
Llegóse un hora antes que fuese noche á otro lugar de la misma vecindad que del de donde aquel día se había salido, llamado Mahiar, y aun que en él había un buen caravasar, el Embajador y gran parte de sus criados se aposentaron conmodamente en las mejores casas de los vecinos.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro V, Capítulo I, pp. 7 – 17)

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